Biografías, Soteriología, vida cristiana

En el fondo de todo

(Traducción libre de “At the bottom of it All” de John Piper, vía Solid Joys)

“En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad” (‭‭Efesios‬ ‭1:4-5‬ ‭NVI)

La experiencia de Charles Spurgeon no está más allá de la capacidad de cualquier cristiano ordinario.

Spurgeon, que vivió desde 1834 hasta 1892, era un contemporáneo y amigo de George Mueller y Hudson Taylor. Sirvió en el Tabernáculo Metropolitano de Londres durante más de treinta años como el pastor más famoso de su época.

Su predicación era tan poderosa que las personas se convertían a Cristo todas las semanas. Sus sermones todavía son publicados hoy y muchos lo consideran un modelo del ganador de almas.

Él recuerda una experiencia cuando tenía dieciséis años que dio forma a su vida y ministerio por el resto de sus días:

Cuando vine a Cristo, pensé que lo estaba haciendo todo yo mismo, y aunque busqué al Señor con seriedad, no tenía idea de que el Señor me estaba buscando. No creo que el recién convertido sea al principio consciente de esto.

Recuerdo el día y la hora en que recibí por primera vez esas verdades [las doctrinas de la soberanía de Dios, la irresistible gracia] en mi propia alma, cuando fueron, como dice John Bunyan, quemadas en mi corazón como con un hierro candente, y puedo recordar como sentí que había crecido, de repente, de un bebé a un hombre, que había progresado en el conocimiento de las Escrituras, al haber encontrado, de una vez por todas, esa pista de la verdad de Dios.

Una noche de la semana, cuando estaba sentado en la casa de Dios, no estaba pensando mucho en el sermón del predicador, porque no lo creía.

El pensamiento me golpeó: ¿Cómo llegaste a ser cristiano? Busqué al Señor ¿Pero cómo viniste a buscar al Señor? La verdad brilló en mi mente en un momento: no debería haberlo buscado a menos que hubiera habido alguna influencia previa en mi mente para hacer que lo buscara. Oré, pensé, pero luego me pregunté a mí mismo: ¿Cómo llegué a orar? Me indujeron a orar al leer las Escrituras. ¿Cómo llegué a leer las Escrituras? Las leí, pero ¿qué me llevó a hacerlo?

Luego, en un momento, vi que Dios estaba en el fondo de todo, y que Él era el Autor de mi fe, y así se me abrió toda la doctrina de la gracia, y de esa doctrina no me he apartado a este día, y deseo hacer de esto mi constante confesión, “atribuyo mi cambio completamente a Dios”.

¿Qué hay contigo? ¿Le atribuyes tu conversión completamente a Dios? ¿Está Él en el fondo de todo? ¿Esto te hace alabar la gloria de su Soberanía, su irresistible gracia?

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